He aquí, como el barro en manos del alfarero, así sois vosotros en mi mano, casa de Israel. (Jer. 18.6)
¿Ha visto alguna vez como un dentista hace una muela? Yo sí. Estoy en un proceso de restauración de una muela que se me quebró y hace un par de semanas tuve cita con mi dentista en donde se dedicó a “fabricarme” una corona temporal con un material plástico. El proceso es muy interesante.
Se toma la masa y se mezcla con otro material un tanto pastoso; se coloca en la región donde irá la corona y en base a varias mordidas que tuve que dar se le da a forma inicial. Luego inicia el trabajo del dentista. Con un esmeril, ya con la pasta seca y dura, inicia a quitar los excesos.
Es un trabajo muy minucioso, constantemente tuvo que revisar si el trabajo ya estaba listo o debía de quitar algo más para que la nueva muela quedara perfecta. Mi dentista no podía aceptar un trabajo menos que perfecto para lo que estaba haciendo. ¿Ha visto alguna vez cómo Dios perfecciona nuestra vida? Creo que sí.
El proceso de restauración de nuestra vida es muy similar a la obra que el dentista estaba haciendo mi boca. Dios espera que nos comportemos como esa masa moldeable y que dejemos que sea Él quien nos vaya haciendo conforme a su voluntad. Pero nuestra naturaleza no lo deja actuar con libertad. Llega un momento que al igual que la pasta de mi nueva muela, nos ponemos duros.
El egoísmo natural que poseemos hace que sea difícil que compartamos el amor de Dios con otros. Nuestra autosuficiencia se vuelve un obstáculo en la característica de humildad que Dios quiere formar en nuestra vida. La falta de fe y confianza en Dios hace complicado que los temores salgan de nuestra vida. Irremediablemente a Dios no le queda otro camino que hacer lo mismo que mi dentista, usar el esmeril.
Permitir dolor a nuestra vida. No todo el dolor que viene a nuestra vida es como consecuencia de malos actos cometidos, pero sí tiene como objetivo perfeccionarnos. El dolor y la obra de Dios no tienen como objetivo lastimarnos, sino transformarnos. Hacernos útiles en algo y eliminar de nuestra vida lo que no sirve. Amo y disfruto lo que hago” me dijo en un momento mi dentista. Realmente podía ver que así era.
El esfuerzo y dedicación que estaba poniendo en lo que veía hablaba más de lo que me había dicho. El esfuerzo y dedicación que Dios pone en su vida diariamente es el reflejo de cuánto le ama y desea disfrutar con usted.
No espera un cambio a pago, sencillamente Dios le ama y está interesado en trabajar en su vida. Quitando las áreas de estorbo, puliendo los rincones que tengan suciedad, mostrándole que si bien existirán cosas que involucren dolor, todas son con el mismo objetivo: No aceptar un trabajo por debajo de lo perfecto en su vida.


